sábado, mayo 13, 2006

Cuadragésimo sexto paseo: Doce cuentos peregrinos (1992) de Gabriel García Márquez; Barcelona: Ediciones Altaya, 1995


En mi infancia solía leer mis cuentos preferidos bajo las sábanas. Mamá había mandado apagar la luz y, con ese atisbo de rebeldía que ya empezaba a caracterizarme, escondía el libro y cuando ella se iba lo alumbraba con una linterna y así lo leía. La emoción de la lectura muchas veces me impedía dormir. Entonces ya intuía que todos esos cuentos no podían esperar, que no había tiempo suficiente para disfrutarlos. A veces ahora me sigue pasando. Descubro un libro y de nuevo me quiero esconder entre las sábanas para que no me molesten, para que me dejen gozar del libro elegido. No soporto leer con interrupciones, es como nadar con el peso de alguien bromeando a la espalda. Hace poco encontré un libro entre los estantes de mi biblioteca. Recordaba haberlo comprado pero no el motivo por el que no lo había leído. Se trataba de un libro de García Márquez, Doce cuentos peregrinos. Era raro, ya digo, no haberlo leído. Lo había olvidado. Hace tiempo que García Márquez había entrado a formar parte destacada de mi biblioteca y de mi memoria. Sí, desde aquel verano de antaño en que leí con verdadera voracidad Cien años de soledad, su novela fetiche por excelencia. Pensaba en esto mientras tomaba el libro entre las manos. Comencé a leerlo casi sin darme cuenta. Me atraparon de nuevo sus palabras, mágicas en cierto modo para mí. Desde el prólogo García Márquez explicaba las circunstancias extrañas de la creación de esta obra, unos cuentos que serían concebidos como esbozos de novelas, de guiones, de artículos de periódicos, de seriales de televisión y que se le resistían, que acababan muchas veces en la papelera y que volvía a rehacer una y otra vez por no sé qué extraños designios del destino.

"Ahora sé por qué: el esfuerzo de escribir un cuento corto es tan intenso como empezar una novela. Pues en el primer párrafo de una novela hay que definir todo: estructura, tono, estilo, ritmo, longitud, y a veces hasta el carácter de algún personaje. Lo demás es el placer de escribir, el más íntimo y solitario que pueda imaginarse.[...] El cuento, en cambio, no tiene principio ni fin: fragua o no fragua. ", dice García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982.

Doce cuentos peregrinos es un libro que tiene el estilo y la concisión de un extraordinario cuentista. Provoca una gran emoción y está elaborado con esa mano que convierte todo lo que toca en algo especial. "Sólo vine a hablar por teléfono" es mi preferido. De este cuento destaco la precisión, la manera magistral con la que están contadas las circunstancias fortuitas y absurdas que llevan a María, la protagonista, a ser internada en una clínica psiquiátrica sin estar loca de verdad. La voz del narrador es otro de los aciertos, que se abre paso entre los personajes para contarnos su interior, su vida, sus miedos, sus sueños más recónditos. La interrelación de los elementos es también destacable. No hay ninguno que no responda a una razón, a una clara intención de cohesión interna. Por otra parte, el tono irónico que se da al texto con la inclusión, por ejemplo, del gato que va a parar también al psiquiátrico porque no pueden darlo de comer es también a tener en cuenta. Podemos pensar que es una manera de reforzar la idea central del cuento: lo injusto del destino y la terrible situación.

Y ahora me tapo de nuevo con las sábanas. Ya no hay por qué hacerlo, pero me protejo. Un temblorcillo me invade. Me siento renacer. Me ocurre siempre que encuentro algo destacable. Será que estos textos están vivos, que son pura pasión.

" El que los lea sabrá qué hacer con ellos. Por fortuna, para estos doce cuentos peregrinos terminar en el cesto de los papeles debe ser como el alivio de volver a casa" (G. García Márquez)



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15 Comments:

Blogger Santino said...

Un autor García Márquez por el que siento absoluta devoción y admiración, porque nada de lo que leí de él dejó de parecerme fabuloso. Ya me habían recomendado encarecidamente estos cuentos, y ahora, una vez más, se reitera la recomendación, que se vuelve ya ineludible.

Tierno pecado, el de leer bajo las sábanas, en el que también caí en alguna ocasión.

Un placer leerte.

sábado, 13 mayo, 2006  
Anonymous elbucaro said...

Tardé varios años en leer "Cien años de soledad", hoy hablar tanto de él que me daba coraje y me resistía a leerlo. Al fin un día cayó en mis manos y ya no pude levantar la cabeza con aquella embrujadora historia. Era una forma de narrar totalmente nueva para mí. A raíz de eso me enganché a García Márquez y leía todo lo que caía en mis manos. Recuerdo cuando salieron los doce cuentos peregrinos, yo ya no tenía edad de leer escondido bajo las sábanas pero lo leí con verdadero deleite. Saludossssss.

domingo, 14 mayo, 2006  
Blogger javazquez said...

Bonita forma de expresar el afán de la lectura. Leer es recogerse, mirar el interior y en esa concentrada labor cualquier cosa puede llegar a ser molesta. Te comprendo porque lo comparto. Yo solo pongo una excepción : siempre dejo de leer cuando alguno de mis dos hijos me demanda. Se que ellos están antes que nada, pero solo ellos, porque la verdad es que cualquier otra interrupción me irrita sobremanera.
Con más tiempo haré un comentario sobre García Márquez.
Un abrazo y gracias por existir.

lunes, 15 mayo, 2006  
Blogger Gatito viejo said...

Santino, ya sabía yo que también te habían reñido por leer cuando había que dormir, se nota, se nota...

Elbucaro, cuando leí Cien años de soledad supe que ya nunca más podría olvidar ese libro. Lo leí en verano. Nos lo había recomendado la profesora de Literatura de COU. Fue todo un descubrimiento. Me encantó el estilo que tenía, lo que contaba, y cómo lo contaba. Fue mucho tiempo mi libro favorito, aunque después se han ido sumando muchos otros de los que ya no podría prescindir.

Javazquez, me he sonrojado con el final de tu comentario. Me ha llegado al alma. Es precioso que te digan eso en un mundo como el nuestro. Muchas gracias. Espero ansiosa tu comentario sobre García Márquez (cuando tengas un ratito)


Un abrazo a los tres y (copiando al amigo Javazquez) gracias también por existir.

miércoles, 17 mayo, 2006  
Blogger francisco aranguren said...

Querido Gatito: yo también empecé a leer en la cama. Aunque a un común amigo no le gustan los comentarios de intimidades, te diré que cuando me expulsaron del dormitorio materno al "mío", me pusieron a dormir en un mueble empotrado que llevaba una estantería encima: la encontré llena de libros ilustrados. Era mi único consuelo a la soledad. Y la excusa para tener un rato más la luz encendida.
Leí los doce cuentos peregrinos hace años: se me han desdibijado. Pero tu comentario sobre las sábanas y la linterna me ha hecho evocar mi infancia asustada por las sombras. Gracias.

jueves, 18 mayo, 2006  
Blogger Gatito viejo said...

Fco Aranguren, cierto, qué importantes las sombras en la infancia, y cómo se dispersaban a veces con la lectura y esa oportuna luz encendida. Algunos entendidos insisten en admitir que somos el resultado de lo que vivimos de pequeños (¿leímos?. No sé, todo cuenta, supongo. Siempre es agradable recordar la infancia. Gracias por tu compañía, Fco. Saludos

jueves, 18 mayo, 2006  
Blogger Meritxell said...

Me hace gracia recordar esa situación de la infancia: a nosotros casi nos tenían que quitar los libros de las manos para que nos fuéramos a la siesta o por la noche a dormir; qué lucha en las casas... Y ahora en muchas casas hay verdaderas broncas con algunos muchachos para que agarren de una vez un libro de lectura. Ni obligados. Ni a la luz del día, ni, mucho menos , de la linterna. Afortunadamente, no es en el caso de la totalidad de los jóvenes, pero por lo que me toca vivir a diario, es una realidad alarmante.

Yo también recuerdo haber leído con pasión a García Márquez y haber dicho muchas veces que era el mejor novelista del mundo.

Un abrazo, Gatito.

viernes, 19 mayo, 2006  
Blogger Gatito viejo said...

Meritxell, sí. La situación ha cambiado. Antes leíamos un poco a escondidas, ahora esa situación no se da. No hay ningún niño que se esconda para leer. Cuando lo tenemos todo, buenas bibliotecas, buenas librerías, buenas campañas de promoción de la lectura, falla lo principal: la motivación para leer. Ese deseo interno, ese afán que te impulsa a coger un libro y no parar hasta acabarlo. La razón tal vez está en que poseemos demasiadas cosas. El libro es una oferta más y no de las más atractivas para los jóvenes de hoy. Pero, como bien dices, afortunadamente no es en todos los casos.
Saludos

viernes, 19 mayo, 2006  
Blogger Rain said...

El sonriente Gabo que da mucho de su alegría a las situaciones más terribles, o diría, de sus energías. Puede contar algo dramático y siempre habrá entre líenas, una frescura intensa. Y esa
ficción de ensueño.



:)

Abracito.

lunes, 22 mayo, 2006  
Blogger Gatito viejo said...

Vir&, así es, Gabriel García Márquez tiene ese don. Es maravilloso
Saludos

lunes, 22 mayo, 2006  
Anonymous Tautina said...

Ay, este artículo me ha gustado especialmente, por lo que tengo (salvando las distancias, evidentemente) de cuentista.
Porque no sé hacerlo, que sino, enlazaba directamente este post al mío de cuento.
Qué gran placer leerte siempre.
Saludos.

jueves, 25 mayo, 2006  
Blogger Gatito viejo said...

Tautina,gracias por tu comentario. Efectivamente eres una fantástica cuentista, no me extraña que te atraiga tanto García Márquez. A mi juicio no hay tantas distancias que salvar. Siempre será un placer leer tus cuentos y aportaciones literarias. Saludos

viernes, 26 mayo, 2006  
Anonymous felope said...

los doce cuentos peregrinos, sin duda, com,o lo dices, son de la mejor producción del Nóbel.

lunes, 29 mayo, 2006  
Blogger Gatito viejo said...

Bienvenido, Felope, gracias por tu compañía y tu comentario. Saludos

martes, 30 mayo, 2006  
Anonymous Rosa said...

Me encanta la forma como escribe García Márquez, es un placer único.

jueves, 06 diciembre, 2007  

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