| Cuadragésimo quinto paseo: La edad de la mirada de José Manuel Regalado; Madrid: Devenir, 1999 Me pierdo en la inmensidad del océano y no hay agua. Estoy sujeto a los azares del destino y no juego. Recorro países enteros y no viajo. Escucho la brisa, leo el viento, siento el huracán... “Cazador a la espera, tempo lento, oh sombra./ No te dejes ver, no agites la maleza,/ equilibrio. No el aire te module./ Pasa y olvida. Descentra, finge, /recrea este clima atravesado de vencejos./ Huracán o mirlo, engáñalos con tu aljaba / vacía. “ [...] (Amor, Lugar) [...]" Regresas del lugar enmarañado / y nada sabes del dragón, del fuego,/ del suave silbar de la serpiente. / Es verde a veces la dulzura y el placer / nos tienta , ¡oh carne y manzana!, /en un paraíso que perdemos / con las primeras lluvias “ [...] (Huida ) “ Tú con tu anhelo y yo muriéndome. / a horcajadas del adiós, muriéndome./ Son los sorbos del limo, su don último, / la levedad, el umbral de los tránsitos. “[...] (Despedida) “ Tu sexo, ¡qué pequeño diamante/ en los aislados límites de los campos nevados!/ Breve comedia para tanto trabajo de tu amor/ por el cuerpo./ ¡Qué relámpago para soñadas lluvias/ o tenues primaveras! / Explosión de júbilo gozoso que envenena /un instante tu lago y tu costumbre. / ¡Qué fuego y rayo para tan tenue rastro/ de musgo y de ceniza! /¡Qué esplendor en el heno, qué mugido/ en las ascuas! /Para este final de recoger las sedas/ desvanecidas en la alfombra./ ¡Qué calor, rayo, trueno, fuego, brasa/para estas colinas de abetos pronto frías / , para este yelo de tanta búsqueda/ de infinita donación, de continente helado! /Rescatados del mar, ahora empieza el amor; / ahora, cuando está duro el silencio/ y el pan crecido ante las ánforas / Ahora, cuando un cuerpo jubiloso/ nos anuncia de nuevo / que es posible tu memoria en el agua.“ (Sexo) “Te acoge la penumbra. /La calle es un mar de gaviotas. /No tú de su sueño, agreste como ninfa./ Cada latido es la verdad: Sus voces, su penuria, /su osadía, su larguísimo lamento./ Regresa a las bodegas, adéntrate en el agua, /en la raíz, hunde tus ojos en el azul oscuro, /en el terciopelo de la uva/ y no oigas la piedra, ni el musgo, ni los muros. /Es ese silencio previo a la ebriedad, /salto al vacío, temporera muerte, /qué de la ultratumba./ Finge que aún no te has dormido / para siempre, aplana la rigidez de los silencios / meditados porque ya sólo queda la palabra .” (Ebriedad) “ El poeta es el otro. Vagas en este mundo / al que tu ser acompasa su cadencia/ y eres lugar y fuente, árbol perdido, sensación del fracaso. Nada memorable [...]” (Poema ) La edad de la mirada nos advierte desde sus primeras páginas que “Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo, sólo quedan palabras" ( Jorge Luis Borges: El inmortal). Emocionantes versos de José Manuel Regalado que hoy me acompañan, que enmudecen mis palabras . [...]“Pero tu palabra ( tu ser) es esa verdad, /esa proclama y ante ti se levanta, nuevo,/ el verso negador de la Esfinge, materia /y agua. “ (Poema ) |
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